Telas rojas suspendidas y una acción performática en vivo ocuparon la antigua sala de máquinas del Museo La Neomudéjar, en Madrid. En ese espacio, el artista visual y académico de la Facultad de Artes de la Universidad Finis Terrae, Víctor Hugo Bravo, presentó Arder Rojo, una intervención construida a partir de las condiciones materiales del lugar, incorporando la escala y presencia de la maquinaria como parte del montaje.
La obra incluyó la performance de la artista Gabriela Carmona Slier, licenciada de la Escuela de Artes de la misma universidad, cuya acción en vivo acompañó el desplazamiento de los asistentes durante toda la presentación. Según comentó Bravo, la recepción fue inmediata: “asistieron artistas y varios curadores de la escena local, cosa que nos sorprendió. La gente durante la performance fue muy respetuosa y se generó una tensión que era la que buscábamos”.
La intervención se realizó en una sala que conserva máquinas originales del sistema ferroviario español, estructuras de gran escala —de origen sueco— dispuestas como un volumen oscuro en el centro del espacio. A partir de ese soporte, el montaje incorporó pendones pintados a mano sobre tela roja, distribuidos en distintos puntos del museo.


La disposición de estos elementos definió el recorrido de los asistentes y estableció un contraste entre el color, los textos y la masa de la maquinaria. “Yo la pensé como una estructura de poder. Esas telas tensionan este artefacto enorme, negro, como un centro de poder. Muchos artistas han querido intervenirla —me comentaron—, pero nunca se lo proponen por la magnitud y el simbolismo de estos viejos ferrocarriles”, explicó Bravo. En ese mismo recorrido se integró la acción de Carmona, que atravesó el lugar entre los pendones y las estructuras durante la presentación.
Un estado de excepción estético
El crítico de arte español y académico de la Universidad Autónoma de Madrid, Fernando Castro Flórez, definió Arder Rojo como un “estado de excepción estético”. En el texto de sala que escribió para la exposición, sitúa la intervención en un contexto político marcado por las consecuencias del modelo neoliberal en Chile. “Estos dos creadores chilenos han somatizado esa experiencia y, sin duda, rechazan sus imperativos que generan derivados (in)dividuales”, escribe, en referencia a una generación de artistas que ha desarrollado su trabajo en un escenario de precarización de la cultura y las artes.
En ese marco, el texto incorpora directamente las consignas presentes en la obra y las vincula con una lectura crítica del presente político. “Fuimos Imperio. Multitud esclava. Levántate y camina”, escribe Castro Flórez, deteniéndose en estas frases como enunciados que irrumpen sin mediación, instalados de forma directa en el espacio. La intervención queda así situada en una discusión abierta sobre poder y política.


La presentación en Madrid se inscribe en la trayectoria de Víctor Hugo Bravo, quien ha desarrollado un trabajo sostenido entre pintura, instalación, gráfica y acción performática, principalmente en circuitos independientes. Desde los años noventa, reactivó el proyecto Caja Negra, dedicado a la producción y circulación de arte medial, videoarte, performance e instalación, asumiendo su dirección hasta su cierre en 2014.
En esa carrera artística, el “imaginario anarquizante” que identifica Castro Flórez en el trabajo del académico de la Facultad de Artes —y que, según el mismo crítico español, “hace justicia al estado de las cosas de la política actual”— se proyecta sobre el escenario como una voz dentro de las prácticas artísticas experimentales en Hispanoamérica, insistiendo en la relación entre arte y política como un campo de creación abierto.
